El discreto encanto de leer

¡Buenos días!

Cada año llega el Día Mundial del Libro con esa energía contagiosa que tienen las buenas historias. Volvemos a hablar de novelas pendientes y de autores favoritos.

El mundo recuerda que uno de los inventos más extraordinarios de la humanidad no tiene batería, ni pantalla, ni necesita actualización. Se llama libro.

Entre sus páginas viven voces antiguas y nuevas, ideas que atraviesan generaciones y personajes que siguen respirando mucho después de haber sido imaginados.

Leer no requiere pasaporte, solo curiosidad. En unas páginas podemos cruzar continentes, siglos o incluso universos enteros.

En esta ocasión celebramos esa magia discreta: la alegría de abrir un libro y no saber muy bien qué nos espera en la siguiente página.

Este boletín es una pequeña invitación a entrar en esa conversación infinita que llamamos literatura.

En esta edición colabora: Reynaldo Rodríguez, María José Aresti y Diego Cabrera

Cuando los libros eran peligrosos

El Día Mundial del Libro suele provocar un curioso ritual: lectores que recomiendan libros, librerías que celebran a los lectores y escritores que recuerdan que todo empezó con alguien sentado leyendo en silencio.

Si hubiera que elegir una novela que explique por qué seguimos celebrando ese día, pocas encajan mejor que El nombre de la rosa. Porque en esta historia los libros no son decoración cultural: son peligrosos.

En la abadía donde transcurre, en algún lugar del norte de Italia en el siglo XIV, empiezan a morir monjes de manera poco edificante. La investigación recae en fray Guillermo de Baskerville, un franciscano con lógica de detective y una fe muy particular en el poder de la razón.

Pero el verdadero misterio está en la biblioteca.

Umberto Eco convirtió ese espacio en uno de los escenarios más fascinantes de la literatura contemporánea: un edificio secreto, lleno de pasillos, códigos y habitaciones donde cada libro parece esconder una conspiración. Más que para leerse allí, los textos se ordenan para controlar el conocimiento.

En la Edad Media —y también en épocas más cercanas— ciertos libros eran considerados peligrosos. No porque fueran falsos, sino porque podían provocar preguntas. Y las preguntas, como saben todos los inquisidores de la historia, suelen ser el primer paso hacia la libertad intelectual.

El libro prohibido en torno al cual gira la trama es un supuesto tratado perdido de Aristóteles sobre la comedia. Una obra que defiende algo tan aparentemente inocente como la risa.

Pero en el universo mental de algunos monjes la risa tiene consecuencias graves: si los hombres empiezan a reír, quizá también empiecen a cuestionar el poder, la autoridad o incluso la solemnidad de la religión.

Así que Eco construye una novela policial donde el arma del crimen no es un cuchillo ni un veneno: es un libro.

Y esa idea funciona además como una magnífica metáfora del mundo contemporáneo. Porque la novela habla de algo que los lectores latinoamericanos conocen bien: el poder —y el miedo— que generan los libros. Desde las bibliotecas vigiladas durante las dictaduras hasta las editoriales independientes que sobreviven con obstinación en Buenos Aires, Ciudad de México o Bogotá, la historia cultural de Latinoamérica está llena de ejemplos que demuestran lo mismo que Eco intuía: los libros no son inocentes.

Cambian ideas. Cambian conversaciones. Y, a veces, cambian sociedades enteras.

El nombre de la rosa es, por supuesto, muchas cosas más: una novela histórica brillante, un thriller intelectual, un homenaje a las bibliotecas y también un juego literario lleno de humor y de guiños para lectores curiosos.

Leer aquí significa perderse en un laberinto, seguir pistas, descifrar símbolos y aceptar una sospecha inquietante: que cada libro contiene siempre más preguntas que respuestas.

Por eso la novela sigue viva décadas después de su publicación. Porque cada lector que entra en ella se convierte, de alguna manera, en otro monje explorando la biblioteca.

Y en el fondo ese es el verdadero espíritu del Día Mundial del Libro: recordar que cada biblioteca —grande o pequeña, medieval o doméstica— es un lugar donde el conocimiento sigue esperando a quien tenga curiosidad suficiente para abrir la puerta.

O el libro.

Y si algo demuestra El nombre de la rosa es que, una vez que se abre, ya no hay forma de cerrar del todo lo que empieza a pensar el lector.

La novela de David Uclés propone una Barcelona sumida en la oscuridad, donde lo fantástico y lo histórico se entrelazan.

A partir de un apagón inexplicable vinculado a Carmen Laforet, desfilan figuras literarias y culturales que intentan devolver la luz a la ciudad.

Uclés construye un relato ambicioso, cargado de simbolismo y referencias, que reflexiona sobre el poder del arte frente a la crisis.

Su estilo es imaginativo y fragmentado, con un ritmo irregular que puede fascinar o saturar. La obra destaca por su originalidad y su apuesta metaliteraria, aunque su exceso de personajes y guiños puede restarle profundidad emocional para algunos lectores, especialmente en ciertos pasajes más densos.

El último libro de Emmanuel Carrère se abre como un archivo familiar en un terremoto histórico. Hay genealogía, duelo, política europea y una pregunta inquietante: ¿qué ocurre cuando la Historia entra en el salón de tu casa y se sienta a la mesa?

Carrère parte del funeral de Estado de su madre, la poderosa historiadora Hélène Carrère d’Encausse. De ahí tira del hilo de cartas, recuerdos y silencios familiares. Resultado: una especie de novela de detectives aplicada a la propia sangre: bisabuelos exiliados, un abuelo con sombras incómodas y un padre casi fantasmagórico. 

La mirada del autor —clínica, irónica, a ratos despiadada— convierte el libro en algo más que unas memorias: un laboratorio moral.

Koljós demuestra, una vez más, que cuando Carrère se acerca a la realidad, esta empieza a comportarse como literatura. Y casi siempre gana la literatura.

El autor mexicano disecciona con precisión quirúrgica el brutal episodio de 1014: la mutilación ocular masiva de las tropas del zar Samuel a manos de Basilio II.

Lejos de la frialdad de los textos de historia, la narrativa de Toscana se sumerge en la subjetividad de 15 000 hombres condenados a la tiniebla absoluta, obligados a reconstruir su mundo a través del tacto y una intersubjetividad desgarradora.

Una obra magistral sobre la privación y la resiliencia, donde la oscuridad deja de ser ausencia para convertirse en una poderosa presencia política. Ganadora del premio Alfaguara, recuerda que la narrativa de los vencidos es, a menudo, el único cimiento capaz de sostener la identidad de una nación frente a la crueldad soberana.

Kalton Bruhl (Tela, 1976) es miembro de la Academia Hondureña de la Lengua. Su literatura no se limita a la anécdota, sino que propone un desciframiento de las conductas humanas bajo condiciones de presión o absurdo.

Su prosa opera con una economía de recursos casi clínica. En piezas como La fuerza de la costumbre, Bruhl convierte la cotidianidad en un escenario de extrañamiento, donde la rutina se agrieta para dar paso a una narrativa de matices oscuros y realismo cínico. No hay espacio para el adorno innecesario. Su esencia reside en la precisión del golpe y en el manejo de una tensión narrativa que mantiene al lector en vilo hasta que la última frase redefine todo lo leído. Sus relatos funcionan como mecanismos de relojería donde la ironía y una suerte de justicia poética colisionan con la fragilidad moral de sus personajes.

Aunque referente ineludible del formato corto, su capacidad para construir atmósferas opresivas y envolventes alcanza su cénit en La dama de las arenas. Galardonada con el Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo, consolida a Bruhl como un autor que liga la exactitud del detalle con la profundidad del conflicto ético.

 

Casa Cristal Bistro

Ubicado dentro de Villa Bokéh, este sitio ofrece una propuesta donde técnica y creatividad se encuentran.

La tostada de maíz blanco con tiradito de róbalo destaca por su equilibrio entre acidez, frescura y un sutil toque picante, con texturas crujientes que elevan cada bocado.

El lomito grillado, jugoso y preciso, se complementa con una demi-glace intensa y ravioli cremoso, mientras el chocolate aporta profundidad inesperada. El tiramisú de mango con Zacapa cierra con notas tropicales, entre dulzura, acidez floral y contrastes delicados.

Una experiencia bien construida, donde cada elemento tiene intención y armonía, logrando una narrativa gastronómica que permanece en la memoria.

Celosa Rosé

Un tequila que redefine la categoría desde la elegancia. Nacido en Jalisco y elevado con influencia del sur de Francia, este “joven rosa” destaca por su suavidad y perfil aromático poco convencional. En nariz aparecen notas florales, frutos rojos delicados y un sutil recuerdo a vino tinto, resultado de su reposo en barricas de Napa. En boca es sedoso, con una entrada ligera que evoluciona hacia matices de agave cocido, vainilla suave y un final ligeramente afrutado que se prolonga con frescura. 

Su proceso —mezcla, filtración cristalino y reposo en barricas de vino— logra un equilibrio entre tradición e innovación. Una experiencia pensada para disfrutarse con calma, ya sea solo o en coctelería refinada. No busca intensidad, sino sofisticación: una expresión moderna, limpia y sorprendentemente accesible que deja una impresión elegante y persistente. 

Sinners

Ryan Coogler representa una pieza de horror teológico que trasciende. Explora el determinismo de la estirpe y la liberación. El relato sigue a The Twins en un retorno tanto geográfico como espiritual a su hogar. Los gemelos se encuentran en huida de los pecados heredados de su padre hacia una redención que solo el sacrificio puede validar.

La cinta es un festín de simbología cristiana: el blanco impoluto colisionando con el carmesí de la sangre y el bautismo de agua y sangre funcionando como preámbulo de un juicio final. En el recinto de la iglesia, el arco de salvación se cierra con una lógica sacrificial: la muerte no es un fin trágico, sino una transustanciación para otorgar una nueva vida a su sobrino. Una obra donde la gracia no es gratuita, sino que supone un alto precio para romper un linaje maldito.

Sin embargo, ahí reside su inteligencia. Renunciando a ordenar el caos, más que explicar qué ocurrió, el documental interroga cómo lo vemos. Y eso, en un género saturado de certezas, es casi subversivo.

Taxi Driver

Hay películas que envejecen; esta cinta dirigida por Martin Scorsese sigue mirando desde el retrovisor.

Medio siglo después de su estreno, el taxi de Travis Bickle continúa circulando por la noche del cine con el motor encendido y una mala conciencia en el asiento trasero.

Un clásico y, a la vez, un zarpazo del llamado cine independiente contra la complacencia de Hollywood.

Robert De Niro encarna a un excombatiente de Vietnam que conduce por una Nueva York sucia, febril y moralmente resbaladiza.

El viaje no ocurre por la ciudad, sino por la cabeza del protagonista: donde soledad, paranoia y violencia conviven como pasajeros habituales. 

Travis no ha desaparecido: solo ha cambiado de calle, de pantalla. Y la película sigue siendo lo que siempre fue: un espejo que preferiríamos no mirar demasiado tiempo. 

Todos los hombres del presidente

Una obra esencial del cine político que retrata con precisión casi documental la investigación periodística del escándalo Watergate. Dirigida por Alan J. Pakula y protagonizada por Robert Redford y Dustin Hoffman, construye tensión sin recurrir a artificios, apoyándose en diálogos inteligentes y una narrativa sobria.

La historia sigue a dos reporteros de The Washington Post que, a partir de detalles aparentemente menores, destapan una red de corrupción que escala hasta la Casa Blanca. Lo más destacado es su capacidad para mostrar el periodismo como un ejercicio riguroso, paciente y, sobre todo, humano.

Una lección sobre ética profesional y responsabilidad pública. Su ritmo pausado exige atención, pero recompensa con una atmósfera envolvente y realista. Incluso décadas después, mantiene vigencia en un contexto donde la verdad sigue siendo disputada diariamente.

Rocky 

La película cumple 50 años y sigue siendo una de las historias más inspiradoras del cine. Escrita y protagonizada por Sylvester Stallone, narra el improbable ascenso de un boxeador desconocido que encuentra en una oportunidad única la posibilidad de redefinir su vida.

Lejos de centrarse solo en el boxeo, Rocky construye un retrato íntimo de la perseverancia, la dignidad y la lucha interna. La relación con Adrian, su timidez y sus inseguridades humanizan a un personaje que pudo haber sido solo un estereotipo deportivo. Esa sensibilidad es clave para entender por qué la historia trasciende generaciones.

Su narrativa sencilla pero poderosa, sumada a una banda sonora icónica, convirtió la cinta en un fenómeno cultural. A medio siglo de su estreno, no solo sigue vigente, sino que reafirma que las grandes victorias empiezan mucho antes de subir al ring.

Festival de la juventud

La actividad se perfila como un espacio vibrante que reúne música, deporte y creatividad en una sola jornada. Con actividades como freestyle, gaming y K-pop, el evento apuesta por visibilizar el talento joven y fomentar la participación activa.

Además, incorpora un área de emprendimiento que impulsa nuevas ideas y conecta a creadores con el público.

Gratuito y al aire libre, ofrece una experiencia accesible que combina entretenimiento con identidad cultural. Es una plataforma de expresión y encuentro para las nuevas generaciones del país en constante transformación social y cultural.

Congreso de cactus y suculentas  

El evento se presenta como una experiencia ideal para los amantes de la naturaleza y el coleccionismo vegetal.

Del 16 al 19 de abril, en el Zoológico La Aurora reunirá a expertos, viveristas y aficionados en torno al conocimiento, conservación y comercialización de estas especies.

Durante cuatro días, los asistentes podrán participar en talleres, charlas y recorridos entre stands llenos de diversidad botánica. Impulsa la educación ambiental, fortalece comunidades y abre oportunidades de emprendimiento en torno al mundo de las plantas. 

Recorrido en tren

Los recorridos en el Museo del Ferrocarril con temática de primavera ofrecen una experiencia familiar que combina historia, entretenimiento y ambientación estacional.

Programados para el domingo 19, estos viajes invitan a recorrer parte del Centro Histórico mientras se disfruta de decoraciones y dinámicas inspiradas en la primavera.

Con trayectos de aproximadamente 30 minutos y distintos horarios durante el día, la actividad propone una forma distinta de conectar con el patrimonio ferroviario del país. Una experiencia cultural accesible y pensada para disfrutar en familia.

Ópera Pagliacci

Se trata de una propuesta escénica intensa que mezcla drama, música y emociones al límite.

Las funciones se realizarán el 22 y 24 a las 20:00 horas en el Teatro Lux, ubicado en el Centro Histórico.

Esta puesta en escena transporta al público a una historia donde la ficción y la realidad se entrelazan, revelando celos, traición y dolor en medio de una compañía teatral. Una experiencia cultural que apuesta por el verismo y la fuerza interpretativa, ideal para quienes buscan una noche distinta y profundamente emotiva.

Javi Sarmiento, el artista que transforma la obsesión en pinturas

La pintura no aparece como un impulso lejano ni como una idea solemne del arte de Javi Sarmiento. Más bien se siente cercana, casi física, como una forma de quedarse un poco más tiempo frente a aquello que le despierta curiosidad. Hay personas, historias o comunidades que le quedan dando vueltas hasta volverse imagen. Por eso, cuando intenta explicar qué lo empuja a seguir pintando, siempre termina llegando a la misma palabra: obsesión.  

“Siento que pintar es solo el resultado de esa obsesión”, afirma. La frase no suena calculada. Suena suya. Como si ahí hubiera encontrado una forma bastante precisa de nombrar su proceso.

El Festival Internacional de Cine en Guadalajara 2026, que se celebrará del 17 al 25 se perfila como uno de los encuentros cinematográficos más relevantes de Latinoamérica este año. Más allá de su cartelera —que promete una curaduría diversa entre cine autoral, propuestas emergentes y producciones consolidadas—, el FICG vuelve a consolidarse como un termómetro cultural de la región.

Lo interesante no es solo lo que se proyecta en pantalla, sino lo que ocurre alrededor: conversaciones, industria, talento y nuevas narrativas que encuentran aquí un espacio legítimo. En un contexto donde el streaming domina, este tipo de festivales recuerdan el valor colectivo del cine.

Sin embargo, el reto sigue siendo conectar con audiencias más amplias sin perder su esencia curatorial. Aun así, Guadalajara logra un equilibrio poco común: ser vitrina internacional y, al mismo tiempo, un punto de encuentro profundamente latinoamericano.

 

 
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